Acerca de Fernando Traverso
Dakota del Norte
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Categoría: Últimas acciones
La vida me llevó, esta vez, muy lejos a realizar nuevamente la misma acción que vengo haciendo por distintos lugares.

Laurel Reuter, Directora del Museo de Arte de Dakota del Norte, me invitó a participar de una muestra a realizarse en ese lugar y que se titularía: “Los desaparecidos”, y en la cual compartiría el espacio con diferentes artistas de Latinoamérica que, al igual que yo, abordan este tema desde la plástica.

El mencionado museo, se encuentra en Grand Forks, que es una pequeña ciudad de Estados  Unidos, muy cerca de Canadá. Ahí se establece una Reserva de Indios Sioux. Además tiene una gran universidad a la que concurren jóvenes de todo el mundo.

Uno de los trabajos que más me impactó y que formaron parte de esta muestra, fue la del colombiano Oscar Muñoz. Se trataba de varios discos muy brillosos de acero inoxidable. Al soplar tu aliento cálido sobre alguno, éste se empañaba, apareciendo así la imagen de un rostro; que luego se iba lentamente desvaneciendo.

También estaba la obra que, con el aporte de “Abuelas de Plaza de Mayo”, un grupo de artistas de Buenos Aires realizó con fotos de desaparecidos y espejos. Recuerdo que gracias a este trabajo, las abuelas encontraron a un nieto. Fue cuando éste comparó su cara reflejada en el espejo, con la de esos dos rostros tan parecidos a él, que terminaron siendo sus verdaderos padres, tras un estudio de ADN.

Yo presenté, dentro del Museo, una serie de banderas de voile, muy traslúcidas, en las cuales podía verse la imagen en negativo de una bicicleta real, realizadas con un material fotosensible (las que mostré en 1999, en el C.E.C. de Rosario y en la Alianza Francesa de Bs. As.).

Y además, la cuadrícula con las trescientos cincuenta fotografías de la intervención urbana. Por eso digo que me sentí como en casa, porque me acompañaron las imágenes de gran parte de mi ciudad.

El día anterior a la inauguración, con la ayuda del personal del Museo, empezamos a preparar el espacio para realizar la acción, la misma que unos días atrás había realizado en un barrio de Rosario.

Improvisamos una especie de reparo ya que el viento soplaba muy fuerte, y más tarde, colocamos como en otras oportunidades, sogas de árbol en árbol para luego ir colgando las banderas.

La primera bandera la estampé ese mediodía antes de comenzar la acción, porque una pareja que se acercó con el lienzo, me dijo que debían viajar de regreso a Fargo, ciudad en la cual ellos tienen una biblioteca pública. Lo supe porque, además, me dijeron que a la bicicleta la iban a colocar en una de sus paredes.

La segunda bandera fue una Wiphala que llevé en mi bolso desde Rosario. Pinté, sobre ella, una bicicleta y se la obsequié a un representante de la comunidad Sioux. Ellos, al día siguiente, me obsequiaron una punta de lanza de sus antepasados. La bandera de los pueblos originarios de América del Sur, flameó durante toda esa tarde.

Al día siguiente, se acercó un grupo numeroso de alumnos de la universidad, que estudiaban Español. Fue grato charlar con ellos y más tarde ponernos en acción. Pintamos unas cuantas banderas y otra vez comenzaron a flamear entre los árboles; ahora, debajo de este cielo tan raro y sopladas por este viento tan frío.

Antes de que se las lleven, les tomo una fotografía a cada uno, sosteniendo sus respectivas banderas. Y como en otras ocasiones, éste es el único registro que me queda de ellas.

También los invito a que me envíen una foto por correo electrónico de la bandera y del lugar donde finalmente la colocaron. Y así lo hacen, porque muy a menudo recibo imágenes de allá.
 
Fernando Traverso.
Última modificación el miércoles, 24 de octubre de 2007 a las 18:13:47
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