12 de diciembre de 2004. La acción estaba programada para las tres de la tarde, debajo del alero de la vieja estación de ferrocarril de Capitán Bermúdez, ciudad lindante a Rosario y perteneciente, junto a San Lorenzo y otras localidades mas pequeñas, a lo que se conoce como el cordón industrial.
Primeramente debía encontrarme con Melina y “el Toki”, que junto con otros, llevan adelante el proyecto de la casita “poriajhú”, un Centro Cultural enclavado en el barrio ubicado detrás de las vías del ferrocarril y en el que se desarrollan distintos talleres.
Cuando a las dos de la tarde, como habíamos quedado, me baje del colectivo y lo primero que atiné a hacer fue buscar una sombra para refugiarme del calor. El asfalto estaba tan caliente que emanaba un vapor sofocante y pesado que distorsionaba la visión. En el árbol contiguo al mío estaba estacionado un Renault 12, viejo y lleno de tierra y a su lado un grupo de personas que al igual que yo estaban escapándose de los rayos del sol. Me llamó la atención una mujer joven pelando una pequeña mandarina, mas atrás un gordo simpático me sonreía montado en su bicicleta. Con ellos nos conocimos por internet. Con Toki estuve hablando por teléfono días antes para programar éste encuentro y las tareas que íbamos a realizar. Y ahora que nos conocimos de verdad, lo primero que les pedí fue una mandarina, porque me estaba muriendo de sed, y entre medio de bromas y risas, nos “chupamos” una mandarina y empezamos a organizar la salida.
Pusimos el esténcil, el bolso con los aerosoles y demás elementos en el baúl. Luego nos acomodamos como pudimos en el auto. Primero pasamos por un centro cultural que queda al lado de las vías, que se llama “Manos Abiertas”, recuerdo que mientras estaba pintando sobre una de las paredes, pasaba un tren de carga tan cerca que hacia vibrar el piso. Fue raro dejar una bicicleta pintada en ese lugar, tan desprotegido, tan lejos... Prácticamente quedó tapada por los yuyos.
Subimos nuevamente al auto y esta vez nos internamos en el barrio que “queda detrás de las vías”. Barrio de casas precarias o a medio hacer. Le comenté a Melina, que determinados olores e imágenes me traían muchos recuerdos; sobre todo por aquellos equipos de música que por ser domingo a la hora de la siesta, se escuchaban con toda su potencia en los patios de tierra, enarbolando chamames y música de cuartetos. La clásica rueda de mateadas en las veredas. Calles polvorientas y de zanjas abiertas, perros que te quieren devorar a ladridos detrás de los alambrados.
Ese era el escenario para la próxima bici. Casi en lo más alejado del barrio estaba la “casita Poriajhú”. Cuando llegamos nos estaban esperando otros integrantes del grupo. Bajamos del auto y comenzamos a buscar un lugar para estacionar la bicicleta. –Sobre esa pared blanca que esta al lado del garaje– me dijeron. Y fue ahí donde quedó.
Más tarde, después de pintar otra en el patio, nos pusimos en marcha para la estación, fue entonces cuando les comenté que quería pintar una bicicleta en la que fuera la casa de Isabel.
Isabel Carlucci, fue detenida en su casa, estando embarazada, durante el golpe militar de 1976. Tanto ella como su compañero, también desaparecido, militaban activamente; tenían una imprenta clandestina y desde ahí salía todo el material de propaganda y de lineamiento político, que luego iba a distribuirse por toda la zona del cordón industrial, que para aquel entonces iba desde Granadero Baigorria hasta San Lorenzo y era todo un emblema.
La casa que buscábamos ya no pertenece a la familia de los Carlucci. Además no contaba con una pared adecuada, así que decidí buscar otro lugar por las inmediaciones. Hicimos apenas unos metros y sobre la ruta vimos la pared. Era el edificio del Sindicado de los Papeleros, no me costó imaginármela a Isabel dejando su bicicleta ahí afuera y luego entrando, quizás, para dejar algún panfleto sobre el mostrador.
El grupo de estudiantes de Comunicación Social formado por Betiana, Noeli, Gisela y Andrea era el que había organizado la pintada en la Vieja Estación. Cuando por fin llegamos, estaban impacientes porque ya había gente esperando con su “trapo” en la mano. Mientras tanto habían estado atando sogas de árbol en árbol, para tender las banderas recién pintadas. Quiero destacar que ellas estuvieron trabajando desde hace más de quince días, divulgando e invitando a los vecinos a participar de esta propuesta. Betiana que es de Capitán Bermúdez y esta realizando un programa radial que se emite desde este lugar a toda la ciudad, hizo que desde ahí se garantizara la difusión del evento. Además de la pegatina de carteles por todos los negocios y esquinas. En el boca a boca, la participación de la gente fue muy importante, además de la colaboración realizada por los comerciantes, para comprar los elementos necesarios.
La Vieja estación de Capitán Bermúdez, es un lugar emblemático y de encuentro, ya que es ahí donde casi siempre la gente se manifiesta por diferentes causas, desde pedidos reivindicativos o de justicia, hasta homenajes en fechas determinadas.
Esta vez el encuentro fue para “hablar” de la memoria.
Fernando Traverso
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