A treinta kilómetros de Madrid, queda Villalba, pequeña localidad donde me albergaron mis amigos/compañeros/hermanos exiliados. En la cual hicimos dos acciones; la primera en el Centro Cultural Villalba y la segunda, el 2 de diciembre de 2006, fue convocada desde la Peña Argentina “Peñalba”, y se llevó a cabo en la Plaza de la “Cigüeña”, cerca de la estación de trenes perteneciente a la red cercanías.
Corría la primavera del año 1976, hacía calor en Rosario y las veredas de cemento del barrio Echesortu lo confirmaban. Recuerdo que caminé muchas cuadras mirando siempre hacía abajo: las entradas de las casas, las raíces de los árboles, las baldosas flojas. Buscaba una esquina particular, de la cual sólo conocía su parte inferior. Era lo único que recordaba de las cercanías de tu casa. Durante la caminata, aparecieron delante de mí unos cajones acomodados en la vereda exhibiendo frutas y verduras. Fueron ellos quienes me dieron la clave. A la vuelta, me dije, debería encontrar una puerta y un pequeño escalón de mármol negro. El corazón estalló dentro de mi pecho cuando lo confirmé. Logré encontrarte aunque luego me criticara por lo que había hecho; es que no podía quedarme aquí sin darte un abrazo de despedida. Recuerdo que cuando me viste al abrir la puerta, te asustaste mucho. Miraste detrás de mí pensando lo peor. Lo peor estaba sucediendo. No los vería más pensé. El Mono y la Moni se iban lejos. De su carácter de clandestinos pasaban a ser exiliados. Recuerdo que aquel día, te llevaba un par de dibujos que todavía conservas. Uno de ellos es un tapiz que vi colgado al pié de tu cama. - "no pienses que lo puse porque venias"-, me dijiste, cuando entré a tu casa en Villalba, 30 años después.
|