Acerca de Fernando Traverso

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029/350, (La Plaza)
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Categoría: Trabajos Realizados

Rosario, 7 de noviembre de 2002.

Ese jueves, la gente estaba citada a las 18,30 hs. en la Plaza Pringles de Rosario. Llegué con el flete a las 18,15 hs., comencé a bajar las 29 pancartas y las fui apilando sobre la vereda. Cada una estaba formada por dos tacuaras gruesas, de tres metros de largo y en la parte superior sostenían enrollado un lienzo blanco, que todavía escondía lo que guardaba en su interior.

Algunos estudiantes de la facultad de Bellas Artes, ya estaban en el lugar. Al rato empezó a llegar la gente invitada. Muchos no sabían de qué se trataba la propuesta y estaban intrigados. Sobre todo aquellos que pasaban por ahí de casualidad.

Había llegado el momento de abrir las pancartas.

La imagen de una bicicleta vacía tamaño real y graffiteada con aerosol negro (igual a las que hace casi dos años, comenzaron a “aparecer” por las esquinas de la ciudad) era lo que contenían esos misteriosos lienzos en su envoltura.

Cada una de las imágenes poseían debajo un número en rojo, que las hacía únicas e irrepetibles.

Mas tarde, grupos de teatro (“La Comedia de Hacer Arte” y “Señales en la Hoguera”) ayudaron a organizar la “marcha” colocándose algunos, delante de la fila, otros, entregando las pancartas a la gente que quería participar. De esa manera, los lienzos blancos comenzaron a flamear por el centro de la Plaza…

Muchos de los participantes eran amigos que vinieron a hacerme el aguante. Recuerdo a Herminia, una Madre de Plaza de Mayo de Rosario, con su pañuelo blanco confundiéndose con las demás telas. En las diferentes caras, se veía resumida la poética de este encuentro. Porque las había de todas las edades.  Algunos estaban porque querían rescatar un pedacito de sus recuerdos. Y otros, los más jóvenes, venían a que le contáramos una historia. La nuestra, la colectiva.

De pronto, se encontraron sosteniendo una imagen que desde su soledad nos hablaba de las ausencias y no hacia falta decir más.
Los estudiantes, en su mayoría, llegaron a la plaza con sus bicicletas; pero no fue planificado,  lo hacen habitualmente; es su medio de transporte cotidiano. Sucedió que esa imagen real y la representada se mezclaron. A veces se confundían, otras veces dialogaban. 
 
Multitud, árboles secos, bufandas, ponchos.
“El Mono” y “La Moni”,  (ahora exiliados en España), estaban tirando volantes dos pasos delante de mí.
Recuerdo a la gente, mirando desde los edificios cercanos a la Plaza de Mayo, mientras avanzábamos por las calles cubriéndolas de vereda a vereda. El que llevaba el megáfono era “El Chiche” (luego asesinado) quien tenía un vozarrón tremendo.
Yo ayudaba a sostener las sogas de los “cordones”, lo hacíamos para que la gente, sobre todo los chicos, no se desbanden; y por otro lado, cuidábamos de que no se metiera algún infiltrado.
Para esta ocasión, estaba prohibido llevar “banderas” identificatorias. Las compañeras metieron tizones en sus bolsos. La policía nos revisaba al entrar, pero ellas se las arreglaron para esconderlos y poder pasar.
Era una fiesta (era una guerra)
Estaban los de “la patota sindical” (la misma que está ahora) copando los lugares cerca del balcón. Cuando llegamos estaba hablando Isabel Martínez. Nadie la pudo escuchar.
 Le llenamos la Plaza.
 Ellos no eran ni la cuarta parte (pero tenían el poder). El “Viejo”,Perón, los apoyó. ¡Esos estúpidos imberbes!- nos llamó. Recuerdo que me toqué la cara. Desde algún lugar, Tatín, (hoy desaparecido de la ciudad de Pérez) nos pasó  la señal de retirada.

La Plaza quedó vacía
.

Hoy, La Pringles, es una plaza antigua y por lo tanto sus árboles son muy altos. Mirás para arriba y vez verde. Mirás a los costados y ves la ciudad, con todo su movimiento colándose por entre las ramas de los arbustos más pequeños. Ya comienzan a encenderse las primeras luces. Me hubiese gustado, en ese momento, pasar por ahí en ómnibus para observar la escena.

No se podía esperar más. Ya estaba oscuro. Nos dirigimos a la calle y parando el tránsito  marchamos hasta donde haríamos el cierre de esta acción.

Otra vez, elegí la Biblioteca Argentina “Dr. Juan Álvarez”, por la misma razón que realicé ahí en el 98 “vientre urbano”, pero además, esta vez quería guardar un pedacito de historia, la de esta marcha que a su vez representaba a otras marchas y donde mejor que  aquí, en una biblioteca pública.
 
 Ahí nos esperaban un grupo de músicos (“estúpidas partes”) y la gente comenzó a rodearlos, generando un clima muy cálido. Algunos chicos bailaron , otros acompañaron el ritmo moviendo las tacuaras. Mientras tanto, ingresé a la sala de exposiciones y pegué en friso siete fotografías instantáneas, con imágenes que había capturado esa tarde durante la acción.

Posteriormente, comenzamos a entrar a la biblioteca portando las pancartas. Recuerdo las caras de sorpresa cuando vieron que las paredes  de la sala estaban vacías. Y sobre todo, cuando iban descubriendo sus rostros en las pequeñas fotos “polaroid”.

La muestra que iba a quedar en exposición  hasta fin de mes, la armamos entre todos. Fue así que, dentro de una atmósfera “post-batalla”, el espacio de pronto se vio envuelto por esos “trapos” con memoria, dejados al azar.

Fernando Traverso

Última modificación el sábado, 12 de mayo de 2007 a las 19:28:18
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